Necesité más lágrimas y más tiempo del que pensaba para purgar esta pequeña gran ruptura en mi interior. A pesar de todo, sucedió que estaba lo suficientemente exhausta como para quedarme dormida. La inconsciencia no supuso el total alivio del dolor, sólo un torpe descanso parecido al sopor, como si fuera una medicina que lo hizo más soportable; pero las cosas quedaron como estaban, y seguí consciente de ellas incluso dormida, aunque me ayudó a hacerme a la idea de lo que necesitaba hacer.
La mañana trajo consigo, si no una versión más alegre, al menos un cierto control y un poco de resignación. De forma instintiva, comprendí que esta nueva desgarradura en mi corazón me dolería siempre, convirtiéndose ahora en parte de mí misma.
El tiempo lo curaría todo, o al menos eso es lo que la gente suele decir, pero a mí no me preocupaba si el tiempo me curaba o no. Lo que me importaba era que él se recuperara y volviera a ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario